viernes, octubre 2, 2026 18:18

Sergio Rollón: «He venido a la vida para dejar huella; no se puede pasar de cuclillas»

Apenas un año después de la gravísima cornada en Valdetorres del Jarama que casi le cuesta la carrera, el novillero de 19 años se alza como el triunfador absoluto del Circuito de Madrid 2026. En esta íntima charla, Sergio Rollón analiza su milagrosa evolución, el valor de la familia frente a la tragedia y la madurez de un torero que no quiere ser uno más en la historia del toreo

Una semana después de tocar la gloria en San Martín de Valdeiglesias, Sergio Rollón (19 años) nos recibe con la tranquilidad de quien ha cerrado, por fin, el capítulo más oscuro de su vida. Hace exactamente un año, una espeluznante cornada en Valdetorres del Jarama hizo dudar de si alguna vez volvería a vestirse de luces. Hoy, con el trofeo de triunfador del Circuito de Madrid 2026, su mirada refleja una madurez que trasciende su juventud.

Sergio, enhorabuena. Ha pasado una semana desde la final. ¿Ha asimilado ya lo que significa este triunfo tras el calvario del último año?

Muchas gracias. La verdad es que, a pesar de haber sido un año muy complicado —justo hace un año de la cornada de Valdetorres—, estoy muy contento. Ha habido momentos de todo, de pasarlo muy mal, de mucha incertidumbre y de no saber si verdaderamente iba a volver a ponerme un traje de luces. Pero el fin de semana de la final sentí que me quité una espinita muy grande de encima. He cerrado el peor capítulo de mi vida y espero que no haya otro similar. Además, a nivel mental, el circuito me ha servido muchísimo para ganar confianza en mí mismo.

La fase final fue de una intensidad tremenda, toreando en Chinchón y San Martín de Valdeiglesias de forma consecutiva. ¿Cómo manejó la presión de esos días?

Es verdad que en Chinchón sentía un poco más de nervios porque era la final a tres y fue el escenario donde me ocurrió todo el año anterior. Me acuerdo de matar al primer novillo y decirme: «Bueno, la historia ya ha sido diferente a la del año pasado; al primero ya lo he matado, ahora a ver qué pasa en el segundo». En San Martín pensé que estaría tranquilo, pero al llegar al patio de cuadrillas me dolía hasta la tripa por los nervios de querer llevarme el triunfo a casa. En esos momentos solo toca tener la cabeza fría, entregarse al máximo y saber que, si no ganas, al menos no te has dejado nada dentro. Yo siempre digo que no competía contra mi compañero Santiago López Ortega, sino contra mí mismo y contra todo lo vivido anteriormente.

Ese mano a mano con el mexicano Santiago López Ortega en San Martín fue espectacular. ¿Cómo se vive esa rivalidad en el ruedo?

Fácil no fue. Los mexicanos destacan mucho por su actitud y entrega, y Santi no se dejó absolutamente nada dentro. En el callejón había mucha presión porque veías que el compañero no paraba de apretar, lo que te obligaba a salir al ruedo a apretar todavía más. Al final fue una tarde preciosa para los aficionados. De los novillos que lidiamos, me quedo especialmente con el de Zacarías Moreno, que fue el que más sentí y el que más disfruté.

Para esta cita tan crucial vistió un traje Azul Rey muy especial. ¿Qué historia hay detrás de ese vestido de luces?

Significa muchísimo para mí. Me lo hice especialmente para mi reaparición. Siempre me había gustado el Azul Rey, y me había prometido que no me lo haría hasta que fuera a matar una corrida de toros. Sin embargo, por las circunstancias de la reaparición, sentí que la ocasión merecía la pena. No había un lugar mejor para ponérselo que la final del circuito donde me pasó todo el año anterior.

Habla de una evolución constante desde su debut en Extremera hasta la final. Pero más allá de lo técnico, se le ve un Sergio muy cambiado en lo personal. ¿En qué ha cambiado la cornada su forma de ver la vida?

Mentalmente he cambiado mucho y ha variado mi forma de pensar. Este último año han sucedido muchas cosas a nivel personal. Por desgracia, perdí a un amigo y compañero de profesión este año, justo el día que yo volvía a torear a puerta cerrada. Te das cuenta de que la vida son dos ratos, que estás toreando y en cualquier momento te puedes meter en la enfermería y no contarlo. Por eso, el hecho de poder hacer hoy esta entrevista es un auténtico privilegio. Te das cuenta de que la vida hay que aprovecharla en todo momento y no dejar nada para mañana.

En las fotos de la final lo vimos celebrando junto a sus padres, a su apoderado Luis González y a Daniel. ¿Qué papel han jugado en su recuperación?

Mis padres me han apoyado en todo momento y no me dejaron solo ni un minuto en la habitación del hospital. Si hubiese decidido quitarme del toro, me habrían apoyado igual porque solo quieren que sus hijos sean felices. Luis González es quien me está consiguiendo prácticamente todas las novilladas fuera del circuito y me da consejos para estar tranquilo; lo que él dice va a misa para mí. Y Daniel, su hermano, me sacó a hombros en San Martín. Fue una forma muy bonita de agradecerle, porque él también me tuvo que coger en Valdetorres para llevarme a la enfermería cuando sufrí el percance. Me han acogido en su casa todo el invierno para entrenar y me han hecho sentir como en casa.

Su andadura comenzó en la Escuela del Juli en 2015, cuando entró con apenas 7 años. ¿Qué mensaje le mandaría hoy, como triunfador de Madrid, a ese niño que empezaba?

Le diría sobre todo que disfrute de cada etapa. En el toro no hay una meta fija. Todos soñamos con ser figuras del toreo, pero esta es una carrera de fondo, de muchos kilómetros, en la que nunca se puede aflojar porque viene un compañero y te adelanta. Ahora estoy en un momento de plena felicidad tras ganar el certamen, pero sé que esto es paso a paso y hay que tener mucha paciencia.

Para cerrar, Sergio. El Circuito de Madrid ya es historia y el futuro apremia. ¿Cuáles son sus próximos objetivos?

Al principio de temporada no me imaginaba un final así, aunque lo soñaba. Ahora toca centrarse en las ferias importantes que vienen y demostrar que haber ganado el circuito no ha sido una cuestión de suerte, sino de trabajo. El circuito ya acabó; ya no me vale ir con el cartel de «ganador del circuito» por las plazas. Hay que seguir apretando novillada a novillada. Sé que se sueña con Madrid y Las Ventas a corto plazo, pero hay que hacer autocrítica y tener paciencia para saber cuándo pisarla y aprovechar de verdad la oportunidad. Yo tengo claro que no quiero ser uno más. He venido a la vida para dejar huella; no se puede pasar de cuclillas.

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