lunes, julio 27, 2026 18:21

La plaza de Aldea del Fresno vivió una tarde desigual ante una novillada de Dehesa de Guadarrama, con Manuel Vega sufriendo una fuerte voltereta y Santiago Ochoa luchando ante el peor lote del encierro

La plaza de toros de Aldea del Fresno acogió este 28 de junio, a partir de las 20:00 horas, una nueva cita de la Trilla de Oro de la Sierra Oeste, certamen que reunió a cuatro novilleros frente a una novillada de la ganadería Dehesa de Guadarrama, de juego desigual aunque con dos ejemplares que permitieron el triunfo más rotundo de la tarde.

Abrió plaza Gitano Rey ante un novillo con clase, fijeza y buen recorrido. El novillero lo recibió de rodillas con una larga cambiada y lo toreó al capote con lances a la verónica limpios y compuestos. Tras ejecutar él mismo el tercio de banderillas con acierto y vistosidad, desarrolló con la muleta una faena templada y madura, iniciada de rodillas con muletazos por alto y circulares, conectando con fuerza con ambos tendidos por los dos pitones. Mató a la primera con una estocada baja y fue premiado con dos orejas, mientras el novillo recibía la ovación en el arrastre.

El turno de Manuel Vega resultó muy distinto. Saludó al capote estirándose a la verónica a pies juntos ante un ejemplar exigente y complicado que fue desarrollando sentido a lo largo de la lidia. Con la muleta, tras iniciar con doblones toreros, planteó una faena de poder y firmeza, aunque en el tramo final, buscando la ligazón, sufrió una fuerte voltereta. Se repuso con gallardía para terminar con entrega, despachando al novillo con dos pinchazos y tres descabellos. Fue premiado con una ovación; el novillo, sin embargo, fue silenciado en el arrastre.

La tarde recuperó su intensidad con Antonio Martín, que se topó con un novillo noble y con transmisión, idóneo para el toreo de compás. Lo recibió con un lucido capote por verónicas cadenciosas, ganando terreno hacia los medios, y fue él mismo quien cubrió el tercio de banderillas, encendiendo a los tendidos con un vibrante par. Con la muleta, inició por bajo con mucho mando y desplegó su concepto clásico en series largas y templadas, sobre todo por el pitón derecho, acompañando con la cintura. Una estocada algo tendida y un descabello pusieron fin a la faena, premiada con dos orejas; el novillo fue ovacionado en el arrastre.

Cerró el festejo Santiago Ochoa, en el lote más complicado de la tarde: el peor novillo del encierro, soso, rajado y con una evidente falta de fuerzas. El novillero varió su recibo alternando verónicas y chicuelinas, y con la muleta —tras iniciar con pases por alto— realizó una labor de enfermero, cuidando y mimando la mortecina embestida del astado. A base de insistencia logró robarle pases sueltos de mérito, aunque la faena no pudo romper por las nulas condiciones del animal. Falló con los aceros, necesitando dos descabellos, y el balance de la tarde se cerró en silencio tanto para el novillero como para el novillo.

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