domingo, octubre 25, 2026 18:55

Entrada: Diego Gil, un debut de luces soñado y una apuesta por el toreo clásico

El novillero sin picadores, que se presentó de luces el pasado 11 de octubre en El Robledo, atribuye su evolución al trabajo diario, la disciplina y las enseñanzas de sus maestros. Con 20 años, afronta su nueva etapa con la ilusión de seguir creciendo y aprovechar cada oportunidad.

Diego Gil vivió el pasado 11 de octubre en El Robledo uno de esos días que marcan una trayectoria. Su debut de luces respondió a las expectativas que había alimentado durante toda la temporada: encontró un novillo de buenas condiciones, pudo expresar su concepto del toreo y rubricó la actuación con los máximos trofeos. Sin embargo, más allá del resultado, el joven novillero se queda con las sensaciones de una tarde que llevaba tiempo esperando.

«Fue un día soñado. Disfruté un montón. Era un día que llevaba toda la temporada esperando y salió un novillo buenísimo. Lo pude disfrutar, lo cuajé, lo maté bien. Salió todo de ensueño» Y añade: «Al final, lo que importa son las sensaciones y lo bonito que fue el día».

Detrás de esa actuación hubo meses de preparación y una evolución progresiva. Gil, que reconoce haber sentido dudas antes de vestirse de luces, considera que el esfuerzo terminó dando sus frutos. «Llevaba haciendo un trabajo muy grande toda la temporada, entrenando muchas horas y preparándome mucho a conciencia para cuando llegase ese día. Dios ha premiado el trabajo y ha salido todo fenomenal».

Morante de la Puebla es su principal referente entre los toreros actuales, pero no el único. Diego Urdiales y Pablo Aguado también despiertan su admiración por la pureza y la personalidad de su toreo. «Esa pureza y esa manera de torear me llenan mucho e intento fijarme y cogerles cosas».

Su mirada, no obstante, se dirige especialmente hacia el pasado. Antoñete, Curro Vázquez, Curro Romero, Rafael de Paula y, de manera especial, José María Manzanares padre forman parte de sus referencias. «Soy de los que piensan que antes se toreaba mejor que ahora».

Esa inclinación se refleja en su manera de entender el toreo, basada en la naturalidad, la expresión y el respeto a las formas clásicas. «No me gusta tampoco llamarlo artista, yo creo que es más bien clásico. Un toreo clásico y, sobre todo, de sentimiento y de pasión, poniendo toda la pureza y todo el arte que uno pueda».

Su debut de luces llegó al final de la temporada, pero Diego Gil no lo interpreta como una oportunidad tardía. Había debutado de becerrista el año anterior y necesitaba acumular experiencia antes de dar el siguiente paso. Durante los últimos meses fue sumando festejos y creciendo delante de los animales, hasta encontrar el momento adecuado. «Yo creo que ha llegado cuando tenía que llegar y, a la vista está, que ha salido todo rodado».

Aunque su decisión de ser torero llegó en la adolescencia, la afición estaba presente desde mucho antes. Con 20 años, Diego Gil lleva dos cursos en la escuela taurina, pero su relación con el mundo del toro viene de la infancia, marcada por la figura de su abuelo, que quiso ser novillero en la posguerra.

Fue durante la celebración del Día de la Hispanidad de 2023 cuando tomó la decisión. «Yo salí de la plaza y dije: “Mamá, papá, yo quiero ser torero”». La respuesta tuvo que esperar: estaba cursando Bachillerato y sus padres preferían que terminase los estudios antes de incorporarse a la escuela. Una vez finalizada esa etapa, con buenos resultados académicos, encontró su oportunidad.

«Empecé a querer ser torero de verdad con 16 años», cuenta. Desde entonces, ha intentado recuperar el tiempo con constancia, atención y ganas de aprender. «Me queda todo por hacer, me queda todo el camino», reconoce, consciente de que su debut es solo el comienzo de una carrera que exige paciencia y evolución continua.

En su formación también ha tenido un papel destacado la ETCM José Cubero “Yiyo”.Si hay algo que considera determinante en su evolución es la labor de sus maestros. Gil atribuye a la escuela tanto las enseñanzas recibidas como las oportunidades que le han permitido ponerse delante de los animales. «Son el pilar de todo. Me han enseñado todo lo que sé y todas las oportunidades que he tenido de ponerme delante han sido gracias a ellos».

La relación diaria va más allá del aprendizaje técnico. La convivencia frecuente ha consolidado un vínculo marcado por la admiración y el respeto hacia quienes conocen de primera mano las exigencias de la profesión. «El respeto y la admiración son la base de la relación que uno tiene con ellos».

Con el debut de luces ya cumplido, Diego Gil mira a la próxima temporada con ilusión y sentido de la responsabilidad. El invierno será tiempo de preparación, de afianzar conceptos y de llegar en las mejores condiciones a una campaña completa como novillero sin picadores. «El objetivo no es otro que prepararme mucho, entrenar a conciencia y estar puesto para lo que viene, que seguro que es muy bonito».

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