viernes, octubre 2, 2026 19:02

Sergio Rollón tras ganar la feria de Moncalvillo: «Esta victoria es una recompensa a todo lo sufrido y todo lo vivido»

El novillero de Madrid Sergio Rollón, se proclamó el lunes el número uno de la Feria de Moncalvillo, celebrada en San Agustín del Guadalix, después de una tarde en la que consiguió cortar una oreja al cuarto novillo y hacerse con el triunfo del certamen.

Antes de explicar lo que conlleva el premio de ganar el certamen, explica que se trata de una feria que «poco a poco está teniendo mucho más nombre» y que «va teniendo cada vez mucha más repercusión». Por eso, el simple hecho de estar anunciado ya suponía «un privilegio y una oportunidad nueva para volverse a dar a conocer, para dar lo mejor de uno mismo». La afrontó «con muchísima ilusión» y, además, tuvo la suerte de poder clasificarse para la final junto a Emiliano Osornio, «un compañero que está en lo más alto».

Reconoce que competir contra «uno de los novilleros más punteros de la temporada» suponía también una responsabilidad, especialmente al tratarse de la final de un certamen que está cogiendo mucha repercusión. La tarde, explica, «fue una tarde bonita, no del todo redondeada como a mí me gustaría» porque le hubiera encantado matar bien a ese primer novillo «para poder haber abierto la puerta grande».

A pesar de ello, se muestra «muy contento y muy agradecido a la Feria de Moncalvillo por haber contado conmigo». Ganar, asegura, «ha supuesto una felicidad muy grande para mí» y es «una recompensa a lo que se está viendo a lo largo de la temporada, de mi proyección, de mis ganas, de mi ilusión de volver a recuperar esa confianza después del año anterior». Por eso, todo lo ocurrido «personalmente significa mucho porque es una recompensa a todo lo sufrido y todo lo vivido».

En el momento de terminar la tarde, Sergio no sabía si finalmente era el triunfador. «No sabía absolutamente nada de si era el triunfador o no lo era», explica. Estuvo en el hotel «un poco nervioso, un poco pendiente de las redes sociales para ver si lo podían anunciar lo antes posible». Cuando finalmente se enteró, «la ilusión y la felicidad son enormes», aunque indica que tuvo «sensaciones agridulces por no haber rematado la tarde como me hubiese gustado». Una exigencia que forma parte de su manera de entenderse a sí mismo: «También soy una persona muy autoexigente y quiero siempre buscarme a mí interiormente y dar lo mejor de mí».

La espada y el último novillo

El primer novillo le dejó sin premio por la espada, mientras que con el cuarto llegó la oreja y el triunfo. Sergio explica que «por culpa de la espada me quedo sin trofeo», un trofeo que «hubiese supuesto la puerta grande».

Entre un novillo y otro, sin embargo, asegura que no cambió absolutamente nada en su planteamiento. «La mentalidad era la misma, la mentalidad era de querer triunfar, de querer ser el triunfador de la feria». Ese último novillo de la ganadería de Montealto era «la única bala que quedaba en ese momento para alzarse como triunfador», por lo que quiso apostar en todo momento con él, igual que lo había intentado con el primero.

«Nunca hay que dejarse arrebatar las finales ni muchísimo menos», señala. Por eso quiso dar lo mejor de él y, en esta ocasión, sí tuvo la suerte de que si que le pudo cortar una oreja a este segundo novillo.

El mano a mano con Emiliano Osornio

La final tuvo además como protagonista a Emiliano Osornio, con quien Sergio compartió cartel. Rollón reconoce que le hacía «muchísima ilusión torear con mi compañero Emiliano Osornio», ya que es «uno de los nombres más destacado en estas últimas temporadas como novillero con picadores».

Para Sergio, enfrentarse a un compañero de ese nivel es también una motivación, porque «uno siempre quiere torear con los mejores, porque eso hace que uno quiera apretarse un puntito más de lo que siempre suele dar».

Su segunda actuación no pudo verla porque tuvo que pasar a la enfermería debido a una lesión que tiene en la mano. Aun así, de lo que pudo ver durante la tarde de su compañero asegura que siente «admiración pura por él, por esa forma de torear, esa composición, esa postura, esa profundidad y esa clase que tiene».

Ambos tenían el mismo objetivo y sabían que solo uno podía llevarse el triunfo. Por eso, Sergio intentó poner «todo de mi parte y todo mi repertorio para poder alzarme como triunfador», aunque reconoce que Emiliano «no lo puso nada fácil».

Superar lo ocurrido el año pasado

Después de todo lo ocurrido la temporada pasada, volver a una final y esta vez ganarla tiene un significado especial para Sergio. Él mismo reconoce que siente «ambas cosas», tanto orgullo personal como la necesidad de entender esta victoria como un paso más en su carrera.

Personalmente, explica, le provoca «mucho orgullo a mí mismo por haber superado todo lo que he tenido que vivir, he tenido que sufrir». Verse en una final hace que «la mente crea ciertos recuerdos que hay que intentar dejarlos apartados y sobreponerse a ellos».

Por eso, considera que significa mucho «ver que he sido capaz de superar todo esto y volver al nivel que tenía anteriormente y poco a poco cada vez ir superándome y buscar mis objetivos».

Al mismo tiempo, entiende que hay que mirar hacia delante: «Obviamente también hay que dejar el pasado atrás y centrarse en el futuro». Por eso, la victoria también hay que afrontarla «como un paso más en mi carrera», porque «el pasado pasado está y hay que centrarse en el presente y seguir buscándote uno mismo para que lleguen las cosas que uno sueña en el futuro».

La clave, asegura, está en no vivir «ni con el miedo ni con los fantasmas de lo ocurrido la temporada pasada».

La decisión de no torear en Burgohondo

El lunes Sergio tenía previsto torear en Burgohondo, pero finalmente tuvo que renunciar para poder estar en la final de Moncalvillo. Una decisión que, según explica, «estaba tomada hace mucho tiempo», porque aunque «uno nunca se tenga que creer las cosas», sí tiene que analizarlas.

La posibilidad de pasar a la final estaba ahí y tenía claro que, si lo conseguía, sería «un paso más en mi carrera, una nueva oportunidad de darme a conocer, de que mi nombre suene a la gente, que me recuerde como triunfador de ciertas ferias, y no como el novillero que le pegó una cornada muy fuerte».

La decisión, reconoce, tenía también un componente sentimental importante, porque Burgohondo es «donde me he criado, donde he aprendido a torear, donde fue la primera vez que cogí un capote». Aun así, considera que uno «también tiene que tener las cosas claras y saber lo que le puede convenir mejor para el futuro».

Sergio tiene claro que «la plaza de mi pueblo estará ahí para siempre, y la gente me seguirá apoyando y queriendo». Además, quiere «poder llevar el nombre de mi pueblo a lo más alto posible», intentando representarlo «en todos los lugares a los que vaya».

Una temporada ya importante

Ahora que ha ganado Moncalvillo, Sergio considera que la temporada ya es muy importante para él. «Verdaderamente para mí ya es un año muy importante en mi carrera por el simple hecho de haberme superado a mí mismo después de todo lo ocurrido el año pasado».

Recuerda especialmente el primer paseíllo en Valdemorillo, que suponía su reaparición. «Para mí ya era una temporada importante, porque ya había vencido a los fantasmas del año anterior y sobre todo haberle ganado la batalla a la muerte que estuve muy cerca de ella».

Lo que no imaginaba era una temporada con tantos festejos. «Obviamente no imaginaba una temporada con tantos festejos, una temporada con triunfos y sobre todo lo más importante disfrutando tanto de esta profesión».

A pesar de ello, Sergio quiere seguir aspirando a más. «Uno siempre quiere aspirar a mucho más y quiere seguir avanzando, quiere seguir triunfando más, quiere seguir pisando plazas nuevas, plazas importantes». Por eso, aunque considera que está viviendo «una temporada ya muy importante, muy bonita para mí», eso no quita que siga queriendo siempre mucho más, porque, como concluye, «uno verdaderamente nunca sabe dónde está su techo».

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