
El novillero sin picadores Rubén Vara continúa abriéndose paso en el escalafón menor con paso firme y presencia en numerosos certámenes taurinos, donde está dejando una imagen de entrega, ambición y madurez impropia de su edad. Tras su destacado paso por la Trilla de Oro en Villamanta, el joven torero habla de la responsabilidad de las oportunidades, del peso de los momentos difíciles y del apoyo fundamental de su familia en un camino tan exigente como el del toreo
“La Trilla de Oro en Villamanta fueron dos días muy intensos y muy importantes para mí. La gente se volcó conmigo desde el primer día, desde que salí y fue muy emocionante”, asegura Rubén Vara al recordar una de las citas más señaladas de su temporada. Un certamen que, además de darle visibilidad, reforzó su confianza y conexión con el público.
El novillero atraviesa un momento de gran actividad, anunciado en diferentes certámenes y ciclos para jóvenes promesas. Una situación que afronta con ilusión, pero también con responsabilidad. “Estar en tantos certámenes supone mucha responsabilidad, ya que están contando conmigo. Creo que no hay que bajar la guardia y seguir dando motivos para estar aquí”, afirma.
Como cualquier profesional taurino, el camino también está marcado por las dificultades. Rubén reconoce que hay momentos complicados en los que mantener la motivación resulta fundamental. “Siempre que se me viene un momento duro o alguna situación difícil recuerdo por qué elegí este camino, intento buscar la ilusión que me trajo hasta aquí”, explica.
En ese proceso, la figura de su padre ocupa un papel esencial. Compartir profesión hace que los consejos tengan un valor especial, especialmente viniendo de alguien que ya conoce las dificultades del oficio. “Me ayuda mucho también mi padre y sus consejos. Él ha tenido momentos muy duros en su carrera profesional y gracias a él todo se me hace menos”, comenta el joven novillero.
Aunque admite que no siempre coinciden en todo, Rubén tiene claro cuánto le debe. “Recibo todos los consejos posibles todos los días. Mi padre y yo nos peleamos mucho y no nos entendemos muchas veces, pero estoy donde estoy en parte gracias a él y a la gente que me apoya”.
En la plaza, Rubén tiene claro qué quiere transmitir cada tarde. Más allá del triunfo inmediato, busca emocionar desde la verdad de su concepto. “Busco sobre todo el torear, también emocionar a la gente y que vean un chaval con ganas, pero sobre todo el torear y que vean que sé torear. Busco hacer las cosas bien sobre todo”, señala.
Antes de cada compromiso, por su cabeza pasan pensamientos de todo tipo. El miedo al fracaso o a una cogida convive con la ilusión de alcanzar el triunfo. “A mí se me pasan muchísimas cosas tanto buenas como malas: fracaso, que te coja un novillo… pero son cosas normales y trato de no pensarlo, aunque al final siempre está ahí ese pensamiento. Y luego se me pasan cosas buenas y bonitas como es el triunfo y creo que hay que intentar pensar siempre en eso y salir con esa mentalidad”.
Pese a su juventud, Rubén Vara muestra una visión madura sobre el futuro de la tauromaquia y el papel de quienes empiezan. “Los novilleros somos el futuro de la fiesta y todos estos certámenes y escuelas taurinas son fundamentales para los que empezamos, y que todo es posible con esfuerzo”, reivindica.
Con la mirada puesta en el futuro, el novillero no olvida sus orígenes ni al niño que soñó con vestirse de luces. “Me gustaría que recordasen a ese chaval que desde el principio quiso ser torero. Si algún día llego a serlo, al Rubén Vara de niño le diría que no se olvide de dónde viene y solo me quedaría agradecer a toda la gente que ha estado y estará en mi camino”.